“Todos los días canta
columpiándose en la viga
es de bronce su garganta,
su voz es clara y amiga.”
Hoy después de muchos años de olvido y encierro la vieja campana de la escuela volvió a lucir esplendorosa en un sitio privilegiado de nuestro patio.
Cuando comenzamos a trabajar en los preparativos de la gran fiesta aniversario, y al ir recogiendo testimonios y comentarios de la gente que había pasado alguna vez por nuestra escuela apareció reiteradamente la invocación nostálgica de la vieja campana.
Inmediatamente dijimos –¡Tenemos que recuperarla!- y nos pusimos manos a la obra. Alguien mencionó que estaba rota y que la habían guardado en el altillo.
Antes de que terminaran las vacaciones de julio, nos reunimos en la escuela, tres docentes y un papá, Selso Giulitti, decididos a subir al altillo que está sobre la biblioteca. Así lo hicimos y entre telas de arañas, mesas sin patas, mucha tierra y trozos de madera, apareció tímidamente la vieja campana. Estaba toda deslucida, le faltaba una parte en su vuelo y ni siquiera tenía el badajo.
Pero no renunciamos a la empresa y así fue que Héctor Calderón la llevó al taller de Hugo Peirano.
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No pasó por la sala un ex alumno, ex directora o docente, que no exclamara al verla: -¡¡LA CAMPANA!!- y cediera a la tentación de hacerla repicar un momento.
Hoy, con ayuda de personal de la Municipalidad, la campana volvió al patio. Héctor Calderón aportó una hermosa ménsula para sostenerla y desde allí lanzará nuevamente “con su voz clara y amiga” el familiar llamado a las aulas todos los días.